El equilibrista
Leer pdfEntre las luces se perdió el abismo.
Se oye vibrar la cuerda.
No hay red: sólo avidez, sólo aire
a la temperatura de la sangre.
Suena el silencio.
Es invisible la luz.
Resbalan los segundos al acecho.
Y la muerte
lo toma de la mano.
Se deja conducir
pero la ve de frente.
Y ella baja la vista y se retira.
Sabe respetar
a quien no la desdeña ni la teme.
El hombre al fin
llega al extremo opuesto.
Su pavor se desploma en el aire.
La versión final de este poema se toma de Tarde o temprano (Poemas 1958-2009), FCE, México, 2009. La primera versión apareció en Desde entonces (1975-1978), Ediciones Era, 1980. Agradecemos a Laura Emilia Pacheco el permiso de reproducción.
Imagen de portada: Paul Klee, El equilibrista, 1923. The Cleveland Museum of Art, dominio público.