Poemas
Aquí está Orión, el gran hombre del cielo
tendido sobre la más alta montaña
entre los grandes charcos de sangre blanca de las piedras
que pastan los prados de noche
aquí está mi vida alrededor de mi cuerpo
siempre ofrecida y siempre retomada
Como una estrella huyendo del cielo
las puntas de mi sangre
florecen y golpean a la puerta
aquí está el ramo fiel de flores torturadas
aquí está la noche de vuelta
llevando en sus brazos la constelación humana
cuya cabeza es un faro
aquí está mi rostro en llamas
visto en el espejo de los fantasmas
a la altura del árbol
a la altura de las vértebras heladas
liberadas
Alice Rahon, La ville de Tepoztlan, 1975. Cortesía de la Galería Oscar Román.
Señalada con el dedo como las estrellas en los límites desbordantes del oro insoportable en la cima de los árboles sin volar cuando en los flancos de las montañas las casas humanas se calientan los costados he llevado mi vida como ese sol que va de un muro al otro en esta calle bajo el balcón de la extranjera que llora sobre su cabello cuando el amaranto mece al viento y las rosas elevan las más altas torres del sentir de mis dedos arqueados como el ala del gavilán cae el pájaro fragata solitario cae.
Alice Rahon incluyó “Aquí está Orión, el gran hombre del cielo” en Sablier couché (1938), con un grabado de Joan Miró. Publicó “A la Iztaccíhuatl” en Noir animal (1941) y en el primer número de Dyn (abril-mayo 1942), © Alice Rahon, uso legítimo.
Imagen de portada: Alice Rahon, La ville de Tepoztlan, 1975. Cortesía de la Galería Oscar Román.