dossier Alturas MAR.2025

María Teresa Uriarte

Enfermedad y salud en el México prehispánico

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Lo primero y lo más importante que debemos comprender cuando se trata de estudiar las enfermedades y la salud en el México precolombino, y aun en las comunidades de los pueblos originarios de nuestro país, es que su forma de entender el mundo, o lo que se conoce como “cosmovisión”, está íntimamente ligada a sus conceptos sobre el cuerpo humano, como bien lo estudió Alfredo López Austin1 y, en la actualidad, Erik Velásquez García;2 por lo tanto, la enfermedad también está relacionada con la cosmovisión de estas culturas.

​ En la época prehispánica, el universo era concebido en tres niveles: el inframundo, o el dominio de la muerte y los antepasados; el nivel de los seres vivos y, por último, los niveles superiores, donde habitaban diversas fuerzas cósmicas y deidades. Por otra parte, para los indígenas yucatecos contemporáneos, el cuerpo humano es una réplica del universo y está organizado alrededor de un punto central cercano al ombligo, desde donde se desprenden todas las venas, dirigiéndose a cuatro sectores que son equivalentes a los puntos cardinales. La sangre se distribuye a todas partes y nutre la cabeza. Además, en la sangre viaja la entidad anímica llamada ch’ulel, que es algo como el alma, la energía, la fuerza vital. Al parecer, el flujo vital se realiza en espiral y está relacionado con el remolino que está en la cabeza; si hay dos o tres remolinos en ella, los bebés se pueden enfermar. Arthur Miller, quien escribió un magnífico libro sobre la pintura mural de Tulum, propone que este remolino se encuentra pintado en los murales de la zona.3 Este mismo concepto existe entre los nahuas y lo vemos en el logograma Xik.

Las miniaturas fueron tomadas de los libros 10 y 11 de Bernardino de Sahagún, Antonio Valeriano, Alonso Vegerano, et al., Historia general de las cosas de Nueva España (Códice Florentino), 1577, ff. 93r y 113v. Disponible en el Códice Florentino Digital. Getty Research Institute, 2023. Cortesía de la Biblioteca Medicea Laurenziana, Florencia, y con permiso de MiBACT, CC 4.0.

​ La fontanela se considera, asimismo, un punto débil o un portal por el que pueden entrar enfermedades, aunque éstas pueden acceder además por las articulaciones, otro punto débil, y los orificios del cuerpo. La modificación craneana se practicaba porque hacía que la cabeza del infante se pareciera a la mazorca del maíz y, por tanto, se ajustaba al concepto de perfección, pero también porque permitía cerrar las fontanelas y proteger a la criatura. Al mismo tiempo, cubrir las áreas susceptibles del cuerpo del infante suponía protegerlo de las enfermedades.

​ El equilibrio de las fuerzas que provienen de estas regiones y las que genera el propio cuerpo son fundamentales para mantener la buena salud, según la misma cosmovisión. La idea de centrar o alinear al ser humano tiene como fines facilitar el flujo de los componentes anímicos y vitales, preservar la salud a través del balance y el equilibrio, y convertir al cuerpo en un microcosmos o cosmograma ordenado para que sea un eje efectivo entre el cielo, la tierra y el inframundo, así como ajustarlo a las cuatro direcciones cardinales. Todo esto lo podemos constatar no sólo en los vestigios arqueológicos, osteológicos, artísticos y escritos de los mayas clásicos, sino también en los documentos de la época novohispana y en la etnografía moderna. Es probable que en este intento por alinear el cuerpo haya tenido primacía la cabeza, en tanto componente principal del reconocimiento social, de los rasgos identitarios más relevantes y del cuerpo-presencia, ya que, como lo sugiere Óscar Sánchez Carrillo, “la imagen corporal es simetría y reflejo del rostro, cabeza, cuello y nuca”.4

​ En vista de lo anterior, se creía que los desequilibrios provocaban enfermedades y para curarlas había que recurrir a las fuerzas sobrehumanas, usando baños o temazcales, magia, yerbas, cantos, oraciones, llevados a cabo por curanderos hasta la fecha.

Las miniaturas fueron tomadas de los libros 10 y 11 de Bernardino de Sahagún, Antonio Valeriano, Alonso Vegerano, et al., Historia general de las cosas de Nueva España (Códice Florentino), 1577, ff. 93r y 113v. Disponible en el Códice Florentino Digital. Getty Research Institute, 2023. Cortesía de la Biblioteca Medicea Laurenziana, Florencia, y con permiso de MiBACT, CC 4.0.

​ No hay duda de que el cuerpo enfermo ha llamado la atención a lo largo de la historia y los pueblos originarios de nuestro país y de lo que conocemos como Mesoamérica no son la excepción. Sin querer entrar en la identificación de los padecimientos físicos que aquejaron a los representados, me limitaré a presentar aquellas obras que, en mi opinión, muestran diversas enfermedades. Sabemos que la viruela fue traída a América por los europeos y que causó grandes y graves mortandades en todo el continente, pero lo que aparece en la escultura de cerámica “Mujer con pústulas”no es viruela, y me baso en el hecho de que esta obra es previa a la llegada de los conquistadores. La efigie procede del Museo Regional de Nayarit, de la llamada cultura de las tumbas de tiro. Estos enterramientos nos han dejado numerosas y excepcionales piezas que acompañaban a los difuntos, por ejemplo, los perritos que son tan populares y que, en realidad, eran un alimento. En el arte precolombino también son muy frecuentes las representaciones de enanos que, como sucedía en otras regiones del mundo, formaban parte de las cortes de los gobernantes.

​ Hay otras representaciones de enfermedades en el arte precolombino de Mesoamérica, pero lo que es más difícil de entender es que los padecimientos eran anomalías en la armonía o el balance del cuerpo y sus diversos componentes anímicos. El cuerpo puede ser concebido de diferentes maneras de acuerdo con las entidades anímicas a las que uno se refiera. El cuerpo-presencia es el que vemos, es la apariencia humana y la de algunos dioses o entidades sobrenaturales que ocupan un cuerpo humano, como puede ser el caso de los naguales o coesencias. El cuerpo-presencia, y el rostro como parte de éste, se relaciona con el corazón porque en la cara se reflejan los sentimientos que se forman en dicho órgano; de ahí la frase en náhuatl in ixtli, in yollotl, o rostro-corazón, que en maya sería vach-ux. En el corazón se unen “la sensación, la percepción, la comprensión y el sentimiento para integrar una conciencia plena”.5 Ahora bien, el corazón está dividido en tres capas o partes. La más profunda es la semilla o el cogollo, donde se localiza la entidad o la parte del corazón que, tras la muerte de una persona, permanece, ya que las otras dos se disuelven. En dicha parte se localiza la identidad, que se hereda a través de los rasgos físicos. Los mayas actuales piensan que ahí se encuentra la entidad anímica principal u óol, u o’llis.

Códice Magliabechiano, Akademische Druck und Verlagsanstalt, Graetz, 1970, f. 77r. Versión facsimilar. Berkeley Library, dominio público.

​ Con este breve panorama he querido presentar cuán diferentes en términos culturales pueden ser los conceptos sobre el cuerpo humano y la enfermedad. Si Aristóteles consideraba que los “humores” (la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra) definían el bienestar físico y mental de una persona, y a partir de ello se alcanzaron los avances de la medicina que hoy se conocen, los conceptos de nahuas y mayas del periodo Clásico nos presentan una visión complementaria de la ideología que estos pueblos tuvieron acerca del tema. En numerosas partes de México perviven estas nociones y, sin duda, sus logros también configuran muchas de las creencias que se mantienen hasta nuestros días. En lo personal, me fascina la idea de que el corazón tenga una parte profunda y que sea ésta la que heredamos a nuestros descendientes. La genética cree que lo puede explicar todo, pero, en el fondo, yo me quedo con esa idea en mi corazón.

Imagen de portada: Códice Magliabechiano, Akademische Druck und Verlagsanstalt, Graetz, 1970, f. 77r. Versión facsimilar. Berkeley Library, dominio público.

  1. Alfredo López Austin, Cuerpo humano e ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas, Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM, México, 1980. 

  2. Erik Velásquez García, Morada de dioses. Los componentes anímicos del cuerpo humano entre los mayas clásicos, FCE, México, 2023. Agradezco a mi amigo Erik Velásquez García su generosidad por permitirme usar muchos de sus conceptos en este artículo, que no hubiera sido posible sin ellos. 

  3. Arthur G. Miller, On the Edge of the Sea. Mural Painting at Tancah-Tulum, Quintana Roo, Mexico, Dumbarton Oaks, Washington, Estados Unidos, 1982. 

  4. “Cuerpo, ch’ulel y lab elementos de la configuración de la persona tseltal en Yajalón, Chiapas”, Revista Pueblos y Fronteras digital, vol. 2, núm. 4, diciembre de 2007-mayo de 2008, p. 23. 

  5. Alfredo López Austin, “Cuerpos y rostros”, Anales de Antropología, vol. 28, 1991, p. 321.