El primer atlas marítimo holandés en el Franz Mayer
Leer pdfDesde septiembre del 2024, el Museo Franz Mayer creó un Centro de Preservación y Acceso Digital para desarrollar una propuesta de Conservación y Digitalización del Fondo de Libros Antiguos y Raros, con la finalidad de hacer accesible el patrimonio bibliográfico que resguarda.1 Dicho fondo está compuesto por más de doscientos ejemplares —impresos y manuscritos— que abarcan de los siglos XV al XIX y que fueron adquiridos por Franz Mayer desde la década de 1940 en subastas, librerías y casas de antigüedades en México y el extranjero. Su rigor como coleccionista lo llevó a hacerse de obras de gran valor temático, histórico y técnico.
Es notable su colección cartográfica de más de quinientos mapas, atlas, cartas geográficas, esferas e instrumentos de navegación y medición que abarcan desde el siglo XVI al XIX. El tamaño del acervo, así como la calidad de los materiales y objetos que lo componen son muestra del interés que sentía por las formas de imaginar, explorar y trazar el mundo históricamente; asimismo, otra prueba de su gusto por la cartografía es su relación con la National Geographic Society, de la que fue miembro desde 1911.
Entre las joyas de esta sección destaca un atlas del siglo XVII: el Atlantis majoris quinta pars, de Johannes Janssonius, considerado por Koeman el primer atlas marítimo2 impreso en los Países Bajos.3 El ejemplar que conserva la biblioteca Franz Mayer corresponde a una edición en latín de 1657 impresa en Ámsterdam. Su encuadernación es de pergamino, con decoraciones doradas en las tapas y el lomo. El papel del cuerpo se elaboró a mano a partir de pulpa de trapo y sus cantos fueron dorados. En su interior alberga treintaiún cartas geográficas y mapas sobre las aguas navegables, costas conocidas e información sobre las rutas comerciales, puertos estratégicos e incluso rutas de exploraciones. Destacan, entre otros elementos, sus mapas grabados a doble página ricamente ornamentados con cartelas e imágenes de figuras mitológicas, animales, embarcaciones, alegorías, así como otros detalles decorativos que dan cuenta de las tendencias artísticas e imaginarios culturales predominantes de la época.
El título de esta obra se debe a que formó parte de una serie de atlas que Janssonius editó desde 1638, con la finalidad de darle continuidad al trabajo de Gerardus Mercator y Jodocus Hondius, dos cartógrafos flamencos. Fue así como desde 1638 colaboró con Henricus Hondius, hijo de Jodocus, para editar el Atlas novus, una obra dividida en tres volúmenes que incluyó varios de los mapas creados por Mercator y Hondius, así como otros nuevos. Es de notar que a partir de 1649 las ediciones posteriores ya no presentan el nombre de Henricus. Con el tiempo este trabajo de compilación se amplió y, en 1650, Janssonius publicó otro volumen titulado Atlas maritimus, una versión que incorporó otros trabajos cartográficos y que fue considerada el cuarto volumen del Atlas novus. Así, antes de la publicación del Atlantis majoris quinta pars, también de 1650, ya se habían editado cuatro volúmenes previos. Igualmente, es importante subrayar el gran trabajo que hacía el cartógrafo, quien, por un lado, añadía nuevo material en cada edición y, por otro, publicaba en distintos idiomas: en 1650 imprimió una versión en alemán y en holandés; de 1650 a 1657, ediciones en francés, y en los años de 1650, 1657, 1659 y 1680, en latín.
Johannes Janssonius, también conocido como Jan Jansson, nació en 1588 en Arnhem, Países Bajos. A principios del siglo XVII, se mudó a Ámsterdam y en 1612 se casó con Elisabeth de Hondt, hija del cartógrafo Jodocus Hondius, y de quien enviudó en 1627. Como comentamos, en la década de 1630 se asoció con su excuñado Henricus Hondius, quien había heredado de su padre varias placas calcográficas del Atlas de Mercator, a partir del cual hicieron el Atlas novus.
Ocho años después su sociedad se disolvió y Janssonius que, según Lee Turner, era un aficionado a los atlas marinos, creó su propia imprenta, con la cual publicó el Atlas maritimus en 1650.4 En esta obra apareció por primera vez la Tabula anemographica seu pyxis nautica, una rosa de los vientos que después integró en el Atlantis majoris quinta pars y que ha sido considerada por Rodney W. Shirley como una de las más artísticas del siglo XVII.5 En la Tabula se exponen treinta y dos tipos de vientos en seis idiomas; cada uno está representado por una cabeza que saca aire por la boca y muestra las características raciales estereotipadas asociadas a la dirección que representa; además están dispuestos por edades sucesivas —de jóvenes a mayores—. Debido a su precisión y diversidad lingüística, esta rosa fue útil a los navegantes que requerían conocer las distintas direcciones y nombres de los vientos para planificar sus rutas.
Los atlas marítimos del siglo XVII poseen un valor inestimable, entre otras razones, porque fueron creados en un contexto histórico marcado por las expediciones marítimas y el contacto europeo con lugares hasta entonces desconocidos. En ellos no sólo se difundieron rutas marítimas y descubrimientos geográficos, sino también ciertas formas de concebir y representar el mundo. Gracias a ellos podemos trazar el desarrollo que ha tenido la geografía como ciencia y comprender la manera en la que se representaron mares y fronteras territoriales, así como vislumbrar ciertas dinámicas culturales y científicas que moldearon el pensamiento de la época.
El caso del Atlantis majoris es significativo pues incorporó varios mapas importantes por su precisión y por las perspectivas ideológicas que reflejan, como lo ilustra su título completo: Atlantis majoris quinta pars, orbem maritimum, seu omnium marium totius orbis terrarum navigationibus hodierno tempore frequentatorum descriptionem accuratissimam continens, el cual fue traducido al español como: Quinta parte del atlas mayor que contiene una descripción sumamente precisa del mundo marítimo o de todos los mares del mundo, frecuentados por la navegación en la actualidad.
El libro abre con un grabado calcográfico a página completa y está claramente dividido en tres secciones. En la parte superior se encuentra representada una escena del Deuteronomio donde Moisés sostiene las tablas de piedra en las que Dios escribió los diez mandamientos. A su lado se encuentra Aarón, quien, junto con Hur, lo ayudó a mantener los brazos alzados hasta que se puso el sol. En la sección central se aprecian dos figuras masculinas vestidas a la romana, flanqueando un recuadro con el título. En la parte inferior hay un emperador cristiano, un par de escenas con barcos y hombres con instrumentos cartográficos; y, finalmente, en la sección más baja del grabado, hay unos querubines que sujetan una concha marina con el nombre del editor, el lugar y la fecha de publicación.
La inclusión de estas imágenes nos recuerda que, durante el siglo XVII, el cristianismo era el eje que regía la vida cotidiana, la cultura y la política del mundo occidental, lo cual refleja la conexión que había entre la exploración geográfica, el comercio marítimo y la idea de difundir, por mandato divino, la fe cristiana en los nuevos territorios; además de aludir a las intenciones imperialistas que motivaban las rutas y la expansión europea.
Por otra parte, los mapas al interior del Atlantis permiten indagar en cómo se han transformado las fronteras políticas y en los cambios de las nomenclaturas. A la vez, podemos observar las diferencias de las descripciones, de las anotaciones e, incluso, de los símbolos y las categorías utilizadas para designar ciertas regiones. Uno de estos aspectos es el nombre de los mares. Por ejemplo, el océano Índico y el océano Pacífico son designados en el atlas como mar de India y mar del Zur, respectivamente. Estas denominaciones nos dejan ver ciertas decisiones políticas que reforzaban determinadas narrativas de poder.6
Por ejemplo, el apelativo “mar de India” se hizo, desde la época clásica, en razón de la cercanía que la extensión de agua tenía con las costas de India e Indonesia. El mar del Zur, por su parte, fue bautizado por Vasco Núñez de Balboa en una expedición que realizó a América en 1513 y a partir de la perspectiva que se tenía de esta masa oceánica desde las costas orientales del istmo de Panamá. Años después, en 1520, y en razón del viaje de circunnavegación de Magallanes, se sustituyó el nombre por el de océano Pacífico. Otro de los mapas destacados es el “Mar del Zur hispanis mare Pacificum”, considerada la primera carta marítima del océano Pacífico, y en la cual California todavía se representa como una isla.
Asimismo, en esta edición Janssonius incluyó un mapa de la costa noroeste de América del Norte que ya había publicado en 1651 y el cual tituló “Belgii novi, angliae novae et partis virginae. Novissima delineatio”. Esta representación geográfica es importante porque es una de las primeras en incluir los asentamientos ingleses en esa zona, de modo que es otra muestra de las jerarquías y relaciones de poder que se iban gestando.
Por otro lado, como mencionábamos líneas arriba, visualmente el atlas es muy atractivo por los ornamentos e imágenes de sus mapas. En particular, el caso de las cartelas y las escalas es notable, ya que poseen marcos que realzan la información contenida en ellas. Además, incluyen representaciones de figuras alegóricas, dioses mitológicos, personificaciones de continentes o países, escudos heráldicos de regiones y ciudades, así como otros símbolos que aluden a conceptos como la navegación, la cartografía y el comercio interoceánico.
En este sentido, el proyecto de digitalización del Fondo de Libros Raros y Antiguos del Franz Mayer permitirá que un mayor número de usuarios accedan a la información contenida tanto en Atlantis majoris como en otras obras sin importar en qué lugar del mundo se encuentren, con lo cual se fomenta la democratización del conocimiento. De este modo, la digitalización de este atlas representa un paso importante para el museo hacia la preservación y accesibilidad del patrimonio bibliográfico, ya que este proyecto también disminuye los riesgos de deterioro causados por la manipulación física de las obras, lo que asegura el acceso a la información para las generaciones futuras.
Imágenes y portada: Johannes Janssonius [editor], Atlantis majoris quinta pars, orbem maritimum, seu omnium marium totius orbis terrarum navigationibus hodierno tempore frequentatorum descriptionem accuratissimam continens, Impresor Johannes Janssonius, Ámsterdam, 1657. Cortesía de la Biblioteca del Museo Franz Mayer.
El fondo será accesible a través de una biblioteca digital que funcionará mediante DSpace, una plataforma de código abierto diseñada para crear y gestionar repositorios digitales. ↩
Es importante distinguir entre un atlas náutico y uno marítimo. El primero es una herramienta técnica para la navegación que incluye mapas con información detallada sobre las costas, las islas, los océanos, la profundidad y los bancos de arena. Mientras que el segundo tiene un enfoque más informativo y descriptivo; sus mapas brindan datos culturales, económicos e históricos. ↩
Cornelis Koeman, Atlantes Neerlandici: Bibliography of terrestrial, maritime and celestial atlases and pilot books, published in the Netherlands up to 1880, vol. 1, HES & De Graaf Publishers, ‘t Goy y Houten, 1997. ↩
Amy Lee Turner, “Milton and Jansson’s sea atlas”, Milton Quarterly, vol. 4, núm. 3, pp. 36-39. ↩
Rodney W. Shirley, The Mapping of the World. Early Printed World Maps 1472-1700, Holland Press, Londres, 1983. ↩
John Brian Harley, La nueva naturaleza de los mapas. Ensayos sobre la historia de la cartografía, Fondo de Cultura Económica, D.F., 2005. ↩