Mientras espero la muerte
Cuando muera
un mapa del mundo
colgará sobre mi cama,
la pequeña biblioteca de Mijas
donde leí a Lorca
por vez primera
se transformará en un café,
los olivos
sin los que no puedo vivir
habrán florecido,
veré la muerte desde lejos esperándome mas no me moveré– moriré en un tren y el paisaje será de árboles blancos, suspendidos sobre nubes grises, moriré en el cielo donde los pájaros portarán un arroyo de luz en sus alas, moriré en un coche donde las ventanas serán un manto de nieve, moriré en movimiento. Mientras espero, mi amante me dirá eres bella. Y querrá decir, extraño el mar.
Yo diré,
no sé qué nombre darle a la vida,
pero sé que debemos jugar
para que todo no sea muerte.
Él preguntará,
¿por qué hacemos crecer la quietud–
es un ruido del que estamos cerca,
donde las piedras moscas árboles pájaros
el eco y la tierra y lo que ellos ocultan
insisten en la música?
Un canto nos rozará.
Yo lo miraré, él también espera–
pero no sé exactamente qué.
Luego pensaré, la soledad sabe
que es sólo un lugar en el vacío
y la muerte, que no debe contar
mientras espera.
Este poema aparece en la revista Líneas de fuga, núm. 33, 2013, pp. 33-34. Se reproduce con permiso de la autora y de la publicación.
Imagen de portada: Velo bordado, Palestina, siglo xix. Metropolitan Museum of Art, dominio público.