Las Hijas del Anáhuac. Semanario de mujeres, 1873-1874
Leer pdfDesde hace más de tres décadas las historiadoras feministas hemos elaborado nuevos acercamientos a la historia como disciplina investigativa y hemos hecho énfasis en la búsqueda de fuentes que favorezcan y muestren las experiencias de las mujeres en el pasado. Éste es el caso del grupo de investigación Escritos de Mujeres, adscrito al Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación en la UNAM, que durante trece años se ha dedicado a la indagación e identificación de obras escritas por mujeres mexicanas entre los siglos XVI y XX.
El último hallazgo realizado fue el primer periódico escrito por mujeres en la Ciudad de México: Las Hijas del Anáhuac, Ensayo literario, también llamado semanario, que circuló entre 1873 y 1874.1 Las creadoras eran un grupo de alumnas y maestras de la Escuela de Artes y Oficios para Mujeres, quienes de forma inédita abrieron paso a lo que se convertiría en el inicio de una gran tradición de periodistas, editoras, impresoras y escritoras esenciales para la literatura mexicana del siglo XX.
Las Hijas del Anáhuac plasmaron una visión de la vida que transformó la cultura y la política sexual de su época. Sus integrantes asociaron su experiencia como mujeres con la creación y tomaron a la maternidad, entre otras cosas, como fuente de sentido; lo hicieron sin tanto conflicto como el que ha implicado para las mujeres en los siglos XX y XXI. Presentamos aquí un breve acercamiento a este “ensayo literario” que, sin lugar a dudas, representa un salto en el devenir de la historia de las mujeres del país.2
Las Hijas del Anáhuac nació como una iniciativa de las estudiantes del taller de imprenta de la Escuela de Artes y Oficios para Mujeres, fundada en noviembre de 1871, bajo el gobierno de Benito Juárez. La Escuela fue pensada como una obra de beneficencia, financiada por la Lotería Nacional Mexicana, a la que asistirían alumnas en situación de pobreza en donde se enseñaba: relojería, bordado, doraduría, tapicería, fotografía, dibujo, pintura, encuadernación, trabajo con cera, inglés, francés, higiene, moral y economía doméstica. El primer número de Las Hijas del Anáhuac se publicó en la Ciudad de México el 19 de octubre de 1873 y el último, el 18 de enero de 1874. En total fueron catorce números de cuatro páginas cada uno. Los textos del semanario irradian el gusto por la escritura y el goce de la creación entre mujeres. Además, expresan la experiencia de la creación a partir de la relación entre ellas; maestras, alumnas y colaboradoras participaron en el semanario a través de la poesía, el diseño, la impresión, la venta y la distribución de la publicación.
Autoría sin identificar, un dechado, México, 1869. Metropolitan Museum of Art, dominio público.
Las Hijas del Anáhuac fue un proyecto colectivo realizado por y para mujeres. El semanario se vendía y se distribuía en la Ciudad de México. Sus integrantes reconocen el salto que dan, conocen las tareas de la sociedad de su tiempo, pero sobre todo identifican la importancia que tiene para ellas y para otras mujeres la publicación de un periódico con estas características: “Nunca se había publicado un periódico redactado como el presente por señoritas, y esto nos había hecho vacilar desde hace algún tiempo en establecerlo y llevar a cabo nuestra empresa; pero nos hemos animado, viendo que la sociedad moderna se halla a una altura notable y que adelanta de día en día en la vida de la civilización”.3 Las autoras se percataron de su lugar como pioneras de la escritura femenina; era un momento en el que ésta ganaba espacios. Para Las Hijas, la escritura iba aparejada con ser mujer, a la que consideraban como una experiencia de goce, sin dejar de reconocer la notable opresión que sufrían. También estaban conscientes del lugar social y cultural que ocupaban, advertían los roles y las exigencias que se les imponían por su sexo y su género, ante los cuales se mostraban críticas. Su escritura involucraba todas estas vivencias.
Con sus letras, las autoras de este “ensayo literario” abordaron la diferencia sexual al mostrar la importancia de pensar su lugar como mujeres en la historia. Su clara conciencia histórica es visible en sus aportes críticos respecto al lugar de las mujeres en el pasado y en el momento del que las escritoras del semanario eran partícipes. Consideraban que el ejercicio de escribir no sólo les servía a ellas, sino que podía ser un ejemplo para otras. El pasado era, además, una fuente de genealogía ancestral, la cual las acompañó durante todos los números de la publicación. Así se entiende por qué muchas autoras optaron por seudónimos de origen náhuatl (Ilancueitl, Coatlicue, Ayahuacíhuatl, Malintzin, Miahuaxóchitl, Papantzin, Xiuhtzaltzin, Xóchitl). Las creadoras de Las Hijas del Anáhuac manifestaron una cercanía con el universo nahua femenino, lo que representa el reconocimiento de su historia y el vínculo con su origen. Ellas crearon un puente entre nosotras y ese universo y abrieron así la posibilidad de la proximidad.
Autoría sin identificar, un dechado, México, siglo XIX. Metropolitan Museum of Art, dominio público.
Las Hijas del Anáhuac no tenía como referencia otro ejercicio literario similar. Las redactoras estaban conscientes de que se necesitaba una sociedad transformada que pudiera acoger su escritura. El valor de este ejercicio, realizado en su mayoría por mujeres jóvenes, es propiciar el salto de una escritura íntima a una comunicada, abierta y compartida. No les habrá resultado fácil lanzarse a un contexto que no les permitía ver a otras figuras femeninas como grandes maestras de las letras y de la edición; sin embargo, lo hicieron, pese a que en el ambiente eran notorias las revistas femeninas producidas por hombres en las que ellas eran un sujeto desprovisto de voz propia.4
Los años finales del siglo XIX fueron una época en la que el deseo por las libertades individuales protagonizaba los discursos políticos. Sin embargo, el ejercicio de estas libertades no estaba pensado para el “bello sexo”. Las mujeres estaban en la mira: podían ser tachadas de faltas de moral, de locas o de enfermas de histeria o de nerviosismo, resultado de los discursos médicos que formulaban otro estereotipo femenino, en el que la enfermedad era definitoria de su experiencia. Así que el semanario contiene la mágica combinación de estar trazado por letras que recuperan un pasado mexicano indispensable y a la vez deja sentir las formas como se percibían la feminidad y las reglas sociales impuestas sobre las mujeres. También son visibles las estrategias que ejercían para manifestarse frente a una realidad en la que deseaban intervenir. Por ejemplo, reivindicaban otros destinos de vida, como desarrollar una profesión, e incluso la posibilidad, aunque tímida, de cuestionar la maternidad como designio único. Todas estas reflexiones surgieron gracias a una colectividad de mujeres que se comunicaban a través de la escritura con otras, expresando con ello su libertad.
Las Hijas del Anáhuac forma parte de una larga tradición de pensamiento femenino, tradición que hoy reconocemos como fundamental para la historia de la escritura, el periodismo, la imprenta y la literatura en México. Ejercicios literarios como éste permiten rastrear el trabajo que las mujeres realizaron, además de revelar que no había tema vetado o pensamiento que una mujer a finales del siglo XIX no tuviera la osadía y la inteligencia de abordar y expresar. Valoramos de Las Hijas del Anáhuac su forma de escribir y sus ideas, pues hacen de esta publicación una de las experiencias más valientes en la historia de las mujeres del país.
Clara conciencia de la genealogía mostraron las realizadoras del semanario; sabían lo que implicó su acción inédita en la Ciudad de México y reconocieron que aquellas letras servirían para que otras se lanzaran a la gran tarea de la escritura. La escritura del semanario se muestra como una experiencia de libertad. Sabemos que algunas de sus integrantes pertenecían a clubes literarios y que mantenían relaciones estrechas con otras mujeres fuera de la Escuela de Artes y Oficios. Sabemos también que el reconocimiento de las redes de amistad y de intercambio literario entre mujeres ha permitido la difusión de textos y la trascendencia de la escritura femenina, así como su pervivencia pese al rechazo del canon o las innumerables trabas para la publicación y divulgación de su literatura. Esperamos que textos como los que aparecen en Las Hijas del Anáhuac sean inspiradores y permitan a las lectoras y los lectores obtener una nueva visión del pasado de las mujeres.
Imagen de portada: Autoría sin identificar, un dechado, México, siglo XIX. Metropolitan Museum of Art, dominio público.
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El término “ensayo literario”, empleado por las autoras del semanario, no hace referencia a dicho género de la literatura, sino al acto de ensayar la escritura de obras de distintos géneros. ↩
Las Hijas del Anáhuac. Ensayo literario, Ciudad de México, 19 octubre de 1873, tomo I, núm. 1, p. 1. ↩
Por ejemplo, el Semanario de las señoritas mexicanas, La Primavera y La Camelia. Semanario de literatura, variedades, teatros, modas, etc., dedicado a las señoritas mejicanas. ↩