Xin Xin, la última emperatriz de Chapultepec
Leer pdfEn los titulares de los periódicos mexicanos de 1990 ya se leían preocupaciones ambientales no tan lejanas a las que tenemos actualmente: “A un paso de la extinción, en las costas de Sinaloa, la tortuga marina” y “Peligro de extinción del tiburón, no se le protege, dice Cifuentes”;1 “Nueva era de cooperación mundial para la protección de la capa de ozono” y “Es perjudicial para la humanidad la destrucción de las selvas de Chiapas”;2 “Sobreexplotación de mantos acuíferos en BCS”.3 En medio de toda esa desesperanza, el primero de julio de 1990, Tohuí —ejemplar de una de las especies en mayor peligro de extinción en esos años: el panda gigante— nos iluminó un poco al dar a luz, en pleno bosque de Chapultepec, a su primera y última cría: Xin Xin.
La maravillosa noticia despertó a cuidadores, médicos veterinarios y bastante personal del zoológico. “Estábamos todos muy contentos”, me cuenta Fernando Gual Sill, profesor de veterinaria en la UNAM y la UAM, y director General de Zoológicos y Conservación de la Fauna Silvestre de la Ciudad de México, “pero al mismo tiempo, estábamos muy nerviosos y preocupados: queríamos que esa cría se lograra”. En sus primeros meses de vida, el monitoreo a Xin Xin fue casi absoluto. Casi, porque Tohuí, su madre, reclamando un poco de intimidad, decidió construir su nido y pasar la primera semana de cuidado materno en la única esquina de su recinto donde la cámara de vigilancia no podía captarla.
Aunque esto les complicaba un poco la tarea, Fernando y el resto de sus colegas encontraron rápidamente la manera de estar al tanto de la madre y de la hija: “subimos el volumen del video al máximo”, recuerda. Estaban muy nerviosos, no querían que le pasara nada a la recién nacida ni alterar a Tohuí, por lo que, para calmar las preocupaciones y asegurarse de que todo estaba bien, las guardias debían de transcurrir en absoluto silencio: todos estaban concentrados en la respiración sincopada de una panda de 186 kilos y su cría de 130 gramos.4
En realidad, no hubo mucho de qué preocuparse, “Tohuí, aunque era una mamá primeriza, fue estupenda”, me explica Fernando. Durante siete días no se separó de su cría en ningún momento. No se movió ni siquiera para comer ni beber agua. Estaba dedicada por completo al cuidado de su pequeña, cuyo nacimiento, a miles de kilómetros de distancia de su hábitat natural, demostraba que valían la pena los esfuerzos de conservación de las especies en peligro de extinción. Estuvo así “hasta que no pudo más”, narra el director de Vida Silvestre, “después de casi una semana, dejó con mucho cuidado a su cría en el suelo y fue a comer, a beber agua, a defecar y a orinar”.
Este comportamiento por parte de las madres pandas es normal, por lo que los panderos —como se les dice de cariño a los cuidadores de esta especie— se tranquilizaban al recordar que ya lo habían visto en otras hembras. Hasta ese momento, el Zoológico de Chapultepec era el único lugar del mundo, fuera de China, donde habían nacido estos osos —en los ochenta, por ejemplo, nacieron Xen Li y Xiu Hua—, por lo que el grupo de trabajadores mexicanos ya era experto y se había ganado un renombre.
Los pandas gigantes (Ailuropoda melanoleuca) pueden realizar entre doce y trece vocalizaciones distintas. Cuando son bebés emiten un chillido muy agudo para indicar que tienen hambre o que necesitan algo y Xin Xin no fue la excepción a la regla. Tohuí y los panderos estaban siempre al pendiente y respondían rápidamente a su llamado; esto permitió que se desarrollara como una cría sana y que pudiera afrontar las ligeras complicaciones que se presentaron. Hubo que destetarla un poco antes del año —aunque la propia madre lo haría por sí misma en poco tiempo—, porque Tohuí empezó a tener problemas renales y no querían poner en riesgo a ninguna de las dos. A Xin Xin se le ha procurado dar siempre los mejores tratamientos y alimentación, así, la pequeña panda dio sus primeros mordiscos de bambú a uno que fue cultivado especialmente para ella en medio del bosque de Chapultepec.
Contrario a lo que nos indica su pelaje, la vida de los pandas gigantes no es blanca y negra. La particularidad que más me sorprende de esta especie es que, a pesar de que son carnívoros —como el resto de los osos—, se alimentan casi de manera exclusiva de bambú. Además, los densos bosques de bambú que habitan solamente existen en la República Popular de China. De hecho, el gobierno chino no tardó en convertir a este animal en un ícono de su país, utilizándolo como símbolo diplomático en múltiples ocasiones, por ejemplo, a lo largo de los años se han obsequiado decenas de pandas a distintas naciones.
La relación con México se remonta al 5 de octubre de 1971, cuando el presidente Luis Echeverría Álvarez ganó el favor del gobierno chino al declarar ante la Asamblea General de Naciones Unidas que: “la universalidad a la que aspira la ONU conocería un avance decisivo con el ingreso de la República Popular de China. La soberanía y la integridad territorial de un Estado son jurídicamente indivisibles”.5 Posteriormente, la cancillería mexicana firmó un comunicado reconociendo al gobierno de Beijing como el único representante legal de China y, en noviembre del mismo año, rompió relaciones con Taiwán.
Más tarde, en abril de 1973, Echeverría viajó a China y, como señal de amistad con el pueblo mexicano, Mao Zedong envió al Zoológico de Chapultepec un par de pandas capturados en vida silvestre —una práctica que ya no se realiza—. El 10 de septiembre de 1975, el vicepremier del Consejo de Estado, Chen Yonggui, les entregó a la primera dama, María Esther Zuno, y al regente del otrora Distrito Federal, Octavio Sentíes, a Pe Pe y Ying Ying —quienes se convertirían en los abuelos de Xin Xin.
De esta pareja nació Xen Li, en agosto de 1980, la primera panda en nacer fuera de China, quien lamentablemente falleció a los pocos días. Al año siguiente, el 21 de julio de 1981, nació Tohuí, la primera panda que logró llegar a edad adulta fuera del territorio chino. Luego, en 1983, nació un macho, Liang Liang. Ying Ying tuvo un par de partos más, ambos gemelares, de los que sólo sobrevivió una de las crías cada vez: Xiu Hua en 1985 y Shuan Shuan en 1987. Afortunadamente, ahora las cosas son distintas y los expertos han podido desarrollar estrategias para que, en casos como éstos, las dos crías sobrevivan. Fernando me platica que instintivamente la madre elige sólo a uno de sus cachorros y hace a un lado al otro, pero los panderos han descubierto un truco: no solamente ellos deben cuidar a la cría abandonada, sino que deben intercambiárselas continuamente a la madre, de modo que ambos cachorros reciban cuidados tanto de ella como de los expertos.
En 1984, durante los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, el gobierno de China —liderado en ese entonces por Deng Xiaoping— presentó a dos pandas en un acto que anunciaba una nueva política, más enfocada en la conservación de la especie que en los gestos diplomáticos. Ahora los pandas se rentaban y ya no eran un regalo. Se los prestaron a Estados Unidos por un precio de un millón de dólares al año por cada espécimen. En 1998 quedó estipulado que al menos la mitad de ese dinero sería usado por el gobierno chino para el cuidado y la protección de estos osos que, en parte gracias a los programas de estudio y reproducción en zoológicos, estaban aumentando sus números en vida silvestre. Actualmente, el programa de renta de pandas ha cambiado, pero se mantiene: el año pasado, por ejemplo, cuatro pandas arribaron a Estados Unidos —dos para el Zoológico de San Diego y el otro para el zoológico nacional en la capital estadounidense—. El precio actual de la renta de osos se mantiene en el millón de dólares anuales por panda y está estipulado que cualquier cría que se logre durante el préstamo pertenece a la República Popular de China, por lo cual debe de ser enviada a este país alrededor de dos años después de nacida.
No obstante, el caso de los pandas mexicanos es distinto. Dado que todos nacieron en México y son descendientes de la pareja original obsequiada en 1975, los pandas mexicanos son justo eso, mexicanos. Sin embargo, esto no significa que sean completamente ajenos al magnate asiático. “Estamos en comunicación constante con la embajada de China en México”, me dice Alberto Olascoaga Elizarraráz, director del Centro de Conservación de la Vida Silvestre de Chapultepec quien conoce a Xin Xin desde hace veintitrés años. También me cuenta que el cuidado de los pandas es un trabajo de colaboración internacional: “[en noviembre de 2009, vinieron] expertos de China que nos hicieron recomendaciones sobre cómo mantener y modificar el recinto de los pandas, [así como] sobre los cuidados que les proporcionamos”. Gracias a esta comunicación constante y el gran trabajo del equipo a cargo de los osos, en junio de 2017, el Gobierno de China entregó un reconocimiento al Gobierno de la Ciudad de México por las acciones de protección y cuidado desarrolladas durante 42 años en favor de los pandas del Zoológico de Chapultepec.6
El Zoológico de Chapultepec parecía un ambiente ideal para la reproducción de los pandas, como lo habían demostrado Pe Pe y Ying Ying: cuatro de sus crías llegaron a edad adulta. Se cree que uno de los factores que facilita la gestación es la altitud de la Ciudad de México, la cual, con sus más de dos mil metros sobre el nivel del mar, se asemeja a las cordilleras en las que se encuentran los bosques de bambú donde habitan los pandas.7 Así que con la intención de continuar la reproducción de esta especie en la capital mexicana, el 30 de noviembre de 1988 llegó, como préstamo del Zoológico de Londres, Chia Chia, un panda macho, cuyo nombre significa “el mejor”. El objetivo era lograr que se reprodujera con Tohuí, nombre que, por cierto, quiere decir “niño”. Este desbarajuste muestra lo complicado que es ponerle un apelativo a una especie de la que se desconoce su sexo hasta los tres años de vida.
La reproducción de los pandas no es cosa sencilla. “Hay que vigilar a las hembras constantemente”, me explica Alberto, “su época de estro —cuando entran en celo— es de tan sólo tres días al año”. Esta vigilancia reproductiva la realizan veterinarios y panderos, que están listos para recolectar su orina y medir sus niveles hormonales, pues “la inseminación debe de suceder justo en el momento preciso de la ovulación”, remata el director del Centro de Conservación. En 1989 se intentó que Tohuí quedara embarazada tanto por monta natural como por inseminación artificial. Esto resultó en que el 1 de julio de 1990, tras 129 días de gestación, nació Xin Xin, marcando con ello el inicio de la tercera generación de pandas mexicanos. Los esfuerzos de reproducción de la pareja continuaron, ya sin éxito, hasta la muerte de Chia Chia el 13 de octubre de 1991, a los diecinueve años de edad.
“Xin Xin siempre ha sido muy juguetona, pero también es rebelde y tiene un carácter muy fuerte”, dice Alberto con una risa entrecortada. “Ella es exigente”, me cuenta Elías García, uno de los panderos del zoológico y cuidador principal de Xin Xin, “te pide las cosas, o sea, sí juega, sí hace su entrenamiento y sí come, pero no siempre cuando se lo proponemos, más bien vamos a sus tiempos. Hay veces que ya queremos empezar las sesiones de condicionamiento, pero Xin nos dice: ‘espérate, ahorita estoy comiendo’ o ‘estoy en otra cosa, sí lo vamos a hacer, pero después’”. Aunque es cooperadora, pues siempre está dispuesta a trabajar con sus cuidadores, también se sabe la mandamás de su recinto y, cual regente o vieja panda de mar, elige los momentos en que se harán las cosas.
Las sesiones a las que se refiere Elías son de condicionamiento operante. Es decir, un trabajo de entrenamiento, juegos y recompensas que permite a los cuidadores y a los veterinarios hacer un balance de Xin Xin para un mejor monitoreo y cuidado. “Antes, cuando queríamos tomar una muestra de sangre, una placa, había que anestesiar a los pandas o meterlos a una jaula de condicionamiento”, continúa explicándome Elías, “[pero] hace quince años que [ya] no usamos la jaula”, agrega contento. Este condicionamiento le ha enseñado a Xin Xin a mantenerse tranquila, a alzar los brazos y estarse quieta como si fuera un juego, lo que le permite a los panderos y veterinarios hacerle una palpación abdominal o escuchar sus pulmones con tranquilidad. Esto me lleva a pensar en las manipulaciones que el veterinario y yo tenemos que hacer para auscultar a mis perros y, como si leyera mi mente, Alberto me recuerda: “sigue siendo un oso de casi cien kilos”. Yo volteo a ver a Xin Xin, que está desayunando, y veo dentro de su boca sus grandes caninos y las pesadas garras que diestramente manipulan el bambú. “A veces sí tiene desplantes agresivos”, apunta Elías, sobre todo durante los días calurosos, en los que anda de mal humor.
Le pregunto a Elías cómo son los días para Xin Xin: “Empiezan a las 7:00 am y casi siempre ya está esperando [que le demos] un trozo de bambú”, algo para tenerla entretenida en lo que se le prepara el resto de su desayuno, que consiste en distintos brotes de esta planta. Es una panda escrupulosa: “Nunca sabemos cuál bambú va a elegir”, especifica Alberto, “es tan selectiva que un día quiere el tallo grueso, otro los tiernos; tenemos que ofrecerle variedad”. Para poder complacer a la panda, el zoológico cuenta con un vivero donde cultivan esta planta, aunque también se la compran a proveedores. Además, a Xin Xin le gustan las frutas. Esta emperatriz nunca le rechaza a su séquito de cuidadores una manzana, su fruta favorita.
Dos veces al día, en la mañana y a las dos y media de la tarde, la panda recibe un concentrado alimenticio que contiene zanahoria, harina de bambú, arroz cocido, multivitamínicos y probióticos. El bambú, en cambio, se le ofrece tres o cuatro veces, dependiendo de su apetito. Puede ingerir hasta doce kilos diarios. “Aunque, como ya es una paciente geriátrica, ya no come tanto como antes”, confiesa Alberto. Entre sus comidas, Elías se encarga de trabajar el condicionamiento y ofrecerle ejercicios y distracciones dentro de su recinto, que está en constante modificación, para mantenerla alerta. Ha pasado de ser un amplio jardín de pasto con unos juegos metálicos para escalar y una resbaladilla, como los de los parques infantiles, a convertirse en un entorno mucho más poblado de distintas especies vegetales, con una poza de agua en medio y una hamaca en la que disfruta mucho descansar. También cuenta con un arco y una esfera con la que hace ejercicio y maromas. “Xin Xin tiene el tamaño ideal para ser panda”, afirma convencido Elías. En realidad, Xin Xin es un poco más chaparra que el resto de los pandas que han estado en Chapultepec. “Salió al papá, que era más bien compacto”, recuerda Fernando. Pero a lo que se refiere Elías es que esta complexión “le ayuda a poder hacer más maromas, le gusta estar rodando y se acomoda muy bien en su esfera y para colgarse del arco”.
A Xin Xin le encanta descansar y su reposo también es atendido por sus panderos; Elías sabe perfectamente dónde le gusta que esté la hamaca para poder echarse una siesta. Ocurre que, conforme transcurren los meses, Xin Xin va prefiriendo distintas partes de su recinto: “No le gusta el calor, prefiere los climas frescos”, dice Elías. Sus gustos personales son aplaudidos por su personal médico, que está al pendiente de que no le dé mucha radiación solar. No hay duda: todos los detalles de la salud de esta reina suprema se toman en cuenta. Xin Xin, con sus casi 35 años, es una de las pandas más longevas del mundo y parece que pone todo su esfuerzo para mantenerse así: “Ella está muy bien, sus dientes están muy bien, es una panda muy sana”, dice, contento, Alberto.
El 12 de marzo de 2012 se firmó un convenio de cooperación entre China y el gobierno de la Ciudad de México para intentar inseminar artificialmente a Xin Xin con el esperma de un panda macho chino llamado Ling-Ling. El comportamiento de Xin Xin era diferente durante su época de estro: “Maromeaba mucho, se metía en la charca, andaba muy juguetona, y se restregaba hierbas y otras plantas en el cuerpo, pero principalmente en el rostro”, recuerda Elías. Es una conducta común de las pandas durante la época de apareamiento —la única época en la que, por cierto, buscan rodearse de otros individuos, pues el resto del año son animales solitarios—; los machos, por su parte, también tienen sus estrategias para atraer a las hembras: se perfuman con orines. Sin embargo, ninguno de los intentos rindió fruto y hoy los ciclos de celo de Xin Xin han terminado. Ella es la última panda de su linaje.
Xin Xin es muy querida por la gente, de hecho, muchos de los visitantes del zoológico van para verla. “La gente nos trae dibujos, cartas, distintos regalos para Xin Xin”, me cuenta Alberto, “vienen de toda Latinoamérica, pues es la única panda de la región. Hemos visto propuestas de matrimonio que se vienen a hacer justo afuera del recinto de Xin Xin; ella ha logrado formar parte de muchas familias”. Yo también pude apreciar la fascinación que provoca su gran figura mientras hacía las entrevistas. Xin Xin desayunaba tranquila distintas variedades de bambú cuando una familia estadounidense vino a visitarla. Su emoción era tal que tiraron la carreola con tal de acercarse a ella lo más rápido posible; la niña, además, llevaba una playera, una sudadera y un gorro de panda. Los padres, que se percataron de la presencia de Alberto, aprovecharon para hacerle mil y un preguntas sobre Xin Xin.
A pesar de la buena salud de la panda, es verdad que tiene una edad avanzada: la expectativa de vida para esta especie en cautiverio oscila entre los 25 y los 35 años. Así que me atrevo a preguntarle a Fernando qué pasará cuando Xin Xin ya no esté, si vendrán más pandas. Su respuesta es muy clara: “Tenemos que apoyar a China en cómo quiere cuidar de sus pandas, porque hasta ahora van por buen camino”, lo dice haciendo referencia a que desde 2021 la población de pandas en vida silvestre ha rebasado los mil ochocientos individuos, lo que provocó que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza cambiara el estatus de la especie de “en peligro” a “vulnerable”. Por el momento, el equipo de trabajo seguirá cuidando a esta emperatriz que hace todo lo posible para mantenerse en forma y que carga sobre sus hombros todos los símbolos y cariños que conlleva ser la última panda de Chapultepec. Según Elías, Xin Xin huele ligeramente dulce, como las manzanas.
Fotografías y portada de Xin Xin por Rafael Vara, 2025.
El Universal, 1 de julio de 1990. ↩
El Universal, 2 de julio de 1990. ↩
Excélsior, 2 de julio de 1990. ↩
Excélsior, ibid. ↩
Carlos Cerda Dueñas, “La diplomacia panda y el caso de México”, México y la Cuenca del Pacífico, vol. 8, núm. 23, 2019, p. 61. ↩
“Reconoce China los esfuerzos de la CDMX en la conservación del panda gigante”, Boletín de la Sedema, 3 de junio de 2017. ↩