dossier Migraciones ABR.2025

Johan Trujillo Argüelles

Donde rebotan los sueños: fotografía y migración

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Un recorrido por la producción fotográfica realizada en México en los últimos treinta años permite reconocer tres momentos migratorios: el éxodo mexicano (integrado sobre todo por indígenas) a Estados Unidos en las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado como consecuencia de la crisis financiera del periodo; la migración centroamericana en la primera década del siglo XXI y, finalmente, aquélla que comenzó en 2015 y que aún continúa. Ésta comprende el flujo de migrantes que huyen de la violencia, la marginación o la pobreza sufridas en África, Haití, Honduras y Venezuela. En la última ola, la del siglo XXI, se ha dado el fenómeno de la transmigración, en el que quienes migran se ven obligados a permanecer, por distintos motivos, en un lugar distinto a su destino previsto.

Oleadas de migración de finales del siglo XX

El archivo fotográfico de la Bienal de Fo­toperiodismo se encuentra bajo el resguardo del Centro de la Imagen y comprende el periodo de 1994 a 2005, el cual agrupa una diversidad de testimonios migratorios. Por ejemplo, la crisis de los balseros cubanos de 1994 está presente en las fotografías de Gerardo Magallón y Mario Martínez Meza. Este registro fotográfico muestra a grupos de personas —en su mayoría, hombres— haciéndose a la mar, de día o de noche, en improvisadas balsas fabricadas con madera y neumáticos. Quienes se quedan en la isla —sobre todo mujeres en la serie de Magallón— siguen su vida. Este éxodo cubano hacia Florida, cuyo antecedente fue la crisis comercial y económica en la isla derivada del colapso de la Unión Soviética en 1991, se dio luego de que, en agosto de 1994, Fidel Castro permitiera la salida del país de sus ciudadanos, tras las protestas del día 5 conocidas como el “Maleconazo”. Al año siguiente, el gobierno estadounidense autorizó la entrada y permanencia de inmigrantes cubanos, con base en la Ley Pública 89-732 o Ley de Ajuste Cubano, promulgada por el Congreso en 1966. En 1995, la interpretación de dicha norma, conocida como “pies secos, pies mojados”, estipulaba que los cubanos que fueran interceptados en altamar, entre Cuba y Estados Unidos, serían devueltos a la isla o enviados a un tercer país, mientras que aquellos que lograran llegar a las costas estadounidenses —“pies secos”— podrían comenzar los trámites de residencia en la Unión Americana.

Del proyecto transmedia Atlas del neoTrópico, 2017-2024. Obra fotográfica de Gerardo Suter. Cortesía del artista.

​ Por su parte, Laura Cano fotografió, en 1993, el modo de vida de familias guatemaltecas refugiadas en Chiapas. Entre 1980 y 1998 ocurrió un éxodo de guatemaltecos indígenas a México, que huían del conflicto armado y de la masacre contra la población maya ixil perpetrada por el gobierno de Efraín Ríos Montt. Sobre la migración guatemalteca de este periodo, cabe mencionar el ensayo documental Cafetaleros de Marco Antonio Cruz, publicado como libro en 1996, que retrata, solos o en familia, a hombres, mujeres y niños trabajando en las fincas de café en el Soconusco. Este ensayo documenta la transportación, recolección y entrega de la cosecha, así como la dinámica de cobro, entre otras escenas de convivencia.

​ En el archivo de la Bienal de Fotoperiodismo también se encuentran algunas fotografías de la movilización de migrantes en tren, en la frontera sur de Chiapas, tomadas por Juan Carlos Morales y Rosaura Pozos, quien sigue el periplo desde el Suchiate hasta Tijuana. Además, existe el registro de otra forma de migración: el desplazamiento interno forzado, en el contexto del levantamiento zapatista, ante la amenaza de la entrada del ejército nacional, en febrero de 1995, luego de que el presidente Zedillo revelara la identidad del subcomandante Marcos. Las fotografías de Ángeles Torrejón muestran la travesía que mujeres y niños hicieron a través de la selva. Allí se ocultaron entre las raíces y el follaje de las ceibas, tras abandonar el caracol de La Realidad.

De la serie Volando Abajeño, Tijuana, México, 2000. Fotografía de Rosaura Pozos Villanueva. Fondo Bienal de Fotoperiodismo del Centro de la Imagen.

El trayecto de sur a norte

En 1993, con la intención de frenar el paso de los migrantes que cruzaban a El Paso, en Texas, desde Ciudad Juárez, Chihua­hua, el gobierno estadounidense comenzó a construir un muro entre ambas ciudades, al que siguieron otros a lo largo de la frontera norte: el de Tijuana (1993), el de Arizona (1995) y el de Tamaulipas (1997), lo que derivó en que la única vía de entrada fuera el desierto de Sonora.

​ El fotógrafo jalisciense José Hernández-Claire (1949-2021) documentó la migración nacional desde el año 2000. Su serie Fenómeno Cowboy es un registro del paisano, aquel “hijo ausente” convertido en cowboy mexicoamericano con sombrero texano, que vuelve en las vacaciones a su terruño en Durango, Zacatecas o Jalisco, con dólares en la mano, para celebrar bautizos, bodas o XV años. Entre 2006 y 2010, registró el recorrido de sur a norte: el trayecto en el tren La Bestia, la ardua caminata por el desierto y la labor de vigilancia y detención de la U.S. Border Patrol. Luego, entre 2018 y 2019, realizó su tercera serie, exhibida en 2020 bajo el título Pesadilla americana, dedicada a mostrar los efectos de la política migratoria del presidente Donald Trump, como fueron las olas de deportación, las manifestaciones populares y la presencia de la Guardia Nacional en las fronteras.

De la serie Migración, 2006-2010. Fotografía de José Hernández-Claire. Cortesía del archivo del fotógrafo.

​ Otro caso es el de la fotógrafa Mónica González, quien inició su obra sobre el flujo migratorio en 2006, enfocando su lente en el cruce entre Sonora y Arizona. Su trabajo, de casi dos décadas, le permite calibrar el obstáculo que en los últimos años ha representado el crimen organizado para documentar el trayecto en tren. En consecuencia, se ha limitado el registro fotográfico a los lugares de origen y destino. También ha atestiguado (y retratado) el surgimiento de los traslados en caravanas y la paulatina aparición de mujeres y familias enteras en el tránsito migratorio que, entre 1994 y 2004, era mayoritariamente masculino. Una parte del trabajo de González sobre el tema puede verse en los proyectos periodísticos En el camino, migración más allá de las vías1, creado por la Red de Periodistas de a Pie con apoyo de Open Society Foundation, y en Migrantes de otro mundo2. La fotógrafa documenta la migración por Centroamérica y México, incluido el desplazamiento forzado al interior de la República mexicana por la violencia de los carteles.

​ Un acercamiento más a la movilización centroamericana es el que elabora Mauricio Palos en su serie My Perro Rano, publicada en forma de libro en 2010 y desarrollada entre 2004 y 2009. Su ensayo fotográfico devela un complejo entramado, heredero de conflictos armados y guerrillas, que conjuga pandillas, narcotráfico y corrupción de autoridades, dando así una mirada más amplia de un problema que no se reduce al viaje en tren a Estados Unidos.

​ Las circunstancias en la frontera norte, desde las playas de Tijuana hasta el Río Bravo en Tamaulipas, han sido extensamente documentadas por Francisco Mata Rosas, a partir de 2017. Las fotografías y los videos de su serie La línea muestran el paisaje, tanto el desértico como el urbano, la condición ruinosa de inmuebles abandonados, los vestigios dejados por migrantes en su andar y la dinámica social y económica en esa frontera. Las vistas superiores tomadas con dron brindan un ángulo privilegiado para apreciar, en una sola ojeada, la diversidad del paisaje al tiempo que resaltan la estrecha línea, delineada por ese gran muro, en la que dos países se encuentran y se separan. En ese límite no termina todo: “También de este lado hay sueños”, señala una pinta del movimiento Acción Poética fotografiada por Mata Rosas.

Del proyecto transmedia Atlas del neoTrópico, 2017-2024. Obra fotográfica de Gerardo Suter. Cortesía del artista.

​ De la historia de este trayecto de sur a norte, que miles de personas intentaron en 2019, el fotoperiodismo dio cuenta de tragedias que quedarán grabadas en la memoria colectiva. Por ejemplo, María de Jesús Peters Pino, de El Universal, hizo el 26 de junio de 2019, en una estación migratoria en Chiapas, el retrato de una madre haitiana que llora y pide auxilio para su hijo enfermo, que también nos mira, a su lado, a través de una estrecha rendija a ras del suelo. Julia Le Duc es la autora de una impactante fotografía que muestra los cuerpos inertes, boca abajo, de una niña abrazada de su padre, a la orilla del Río Bravo; e Isabel Mateos, de la agencia Cuartoscuro, lo es de aquella foto donde el cuerpo sin vida de un migrante africano, tendido boca arriba en la costa de Tonalá, Chiapas, es custodiado por soldados que le dan la espalda.

Mixtecos en Estados Unidos

Eniac Martínez (1959-2019) fue un fotógrafo cuya obra, en gran medida, aborda también el tema de la frontera. La serie Mixtecos, Norte/Sur, desarrollada entre 1988 y 1991, documenta la migración mixteca a Estados Unidos en tres facetas. Por un lado, la vida cotidiana de quienes se quedan en la Mixteca oaxaqueña: hombres y mujeres de edad avanzada que trabajan sus cultivos o asisten a los velorios. Otra arista es la de los mixtecos asentados en California, principalmente hombres de edad adulta, que trabajan en la construcción y el campo e intentan mantener sus tradiciones, las cuales terminan mezclándose con la cultura norteamericana. La tercera faceta retrata a quienes vuelven de visita a Oaxaca para las fiestas patronales, alguna celebración de XV años o para saludar a la familia y llevan consigo nuevas costumbres. El conjunto testimonia el desplazamiento y el esfuerzo de la comunidad por preservar su identidad y sus vínculos. También expone la paulatina transformación del muro fronterizo: de una malla de metal con alambre de púas a una sólida construcción metálica. Por otra parte, en su serie Ríos, desarrollada entre 2010 y 2016 en torno a la situación de los ríos en México y la vida a su alrededor, Martínez, de manera indirecta, se ocupa de la migración en la frontera sur. En sus fotografías retrata las distintas formas de cruzar el río Suchiate y la dinámica comercial a sus orillas.

Migrantes mexicanos en el desierto de Arizona cerca de Sásabe, Sonora, intentando cruzar ilegalmente la frontera entre México y Estados Unidos, 22 de enero de 2002. De la serie Altar-Sásabe. Fotografías de Mónica González Islas. Cortesía de la autora y de Milenio Diario.

​ Rodrigo Jardón brinda una mirada del siglo XXI a los migrantes mixtecos que viven en Estados Unidos en su serie Oaxacalifornia, trabajada entre 2015 y 2018. En particular, sigue de cerca a la comunidad originaria del pueblo de San Miguel Cuevas que vive en Fresno, California. Su registro, a color, en fotografía y video, comprende fiestas tradicionales, como la celebración de la Pascua, en la que se usan máscaras de diablos; a los jóvenes, que escuchan música rap; el trabajo en los campos de uva, entre otros aspectos de su vida en comunidad en los que es posible reconocer el esfuerzo por mantener la identidad mixteca.

Rostros y voces de la experiencia migrante

Otro acercamiento son las series fotográficas que ayudan a comprender las motivaciones que impulsan la migración, tal es el caso del fotógrafo italiano afincado en México, Nicola “Ókin” Frioli, con su serie Al otro lado del sueño. En un estudio improvisado en distintos albergues del sur de México retrató, entre 2008 y 2014, sobre un fondo negro a migrantes centroamericanos cuyas cicatrices, causadas por armas durante asaltos o por la mutilación en su viaje en tren, muestran las consecuencias del camino. En mensajes escritos en pancartas de cartón por cada una de las personas retratadas revelan las causas de su periplo: “He trabajado con gente del narcotráfico para el sustento de mi familia hasta que hui [sic] por la seguridad de mis hijas”, relata un hombre, de pie junto a sus dos hijas, cuyos rostros quedan cubiertos detrás del cartón. Una joven embarazada nos mira de perfil a los ojos: “Me salí de Guatemala porque me amenazaron de secuestrar a mi bebé. Tengo 18 años i [sic] me duele mi vientre”. Junto a ellos, la serie exhibe los objetos que los acompañan: un rosario, una prótesis de pierna, una silla de ruedas o unas muletas.

“Julio Alberto”, de la serie Reliquias, Tabasco, 2012. Fotografía de Olivia Vivanco. Cortesía de la autora.

​ La artista Olivia Vivanco ha dedicado una parte importante de su producción fotográfica al mismo tema. Un conjunto de su obra reconstruye la experiencia de los migrantes mediante la recuperación de vestigios, recuerdos y huellas en rutas y albergues, esos espacios de tránsito suspendidos en un tiempo incierto. Asegurar un futuro mejor para sus descendientes, comprar una casa para los parientes, reunirse con la familia que se quedó del “otro lado” o huir de la violencia de la Mara son algunas de las motivaciones que exponen las fichas de su serie Reliquias (2012-2015), realizada en el albergue La 72, en el municipio de Tenosique, Tabasco. A estos testimonios los acompañan las fotografías de las palmas de las manos de las personas entrevistadas, sosteniendo algún objeto preciado que han logrado conservar, como retratos de familia, documentos de identidad o sus rosarios. Otra parte de la producción de Vivanco está dedicada a la reciente migración haitiana. Ésta se centra en la cotidianidad que tiene lugar tanto en albergues improvisados como en su establecimiento e integración en Tijuana. El registro da cuenta de la convivencia y las formas de ganarse la vida de una comunidad que, en México, ha conseguido crear un sentido de pertenencia, contrario a lo que ocurre en Chile, donde ha enfrentado rechazo y discriminación por su idioma y color de piel; en consecuencia, esta población ha sido confinada a trabajar en la construcción, la limpieza y el comercio informal.

​ Por su parte, Luis Antonio Rojas, en su serie Notas de voz desde Tijuana (2018), presenta los rostros de la migración hondureña varada en ese estado. Son familias o jóvenes solos, cuyos mensajes de voz dirigidos a un ser querido —madre, padre o esposa— brindan una dimensión afectiva de lo que dejaron, mientras detallan fragmentos de su experiencia: la petición de que les envíen dinero para poder continuar, la vivencia del viaje o la actualización sobre el trayecto que sigue.

Cientos de migrantes cruzan el río Bravo, van de Texas a Ciudad Acuña, Coahuila, con la intención de comprar alimentos y suministros antes de regresar a EUA, 20 de septiembre de 2021. De la serie Crisis de Migración Haitiana. Fotografía de Victoria Razo. © Victoria Razo para National Geographic, 2021.

Relatos sobre el fenómeno migratorio

Para cerrar este artículo, quisiera hacer referencia a dos trabajos que proponen reflexiones a través de la apropiación de material visual. Alejandro “Luperca” Morales, en Paso del Norte, una serie en curso desde 2021, analiza la narrativa en torno a la migración a partir de material de video proveniente de lo filmado por cámaras de transmisión en vivo ubicadas en el Puente Internacional Paso del Norte, en la frontera entre Ciudad Juárez y El Paso —Morales se concentra sobre todo en el cruce legal y la deportación de inmigrantes indocumentados—. A manera de intervención, una parte del proyecto documenta los cruces fronterizos del artista, usando uniforme de comida rápida o una sudadera que reemplaza el acrónimo “NASA” por “Raza”.

​ El 17 de mayo de 2011, dos contenedores que transportaban a quinientos trece migrantes fueron detenidos en la frontera entre México y Guatemala. Este suceso fue posible gracias a una imagen de rayos X que capturaron los agentes migratorios y que delataba una fila de siluetas humanas, unas de pie y otras sentadas. Tocado por esta imagen, y a partir de una investigación exhaustiva de diversos materiales, Gerardo Suter creó la obra transmedia Atlas del neoTrópico, en la que articula un relato compuesto por microrrelatos sobre la migración, el tráfico de personas y el desplazamiento forzado en América Latina a partir de elementos fotográficos, videográficos y bibliohemerográficos apropiados y reinterpretados para discurrir sobre la dimensión histórica y política de este fenómeno.

Del proyecto Paso del Norte, 2021-presente. Obras artísticas de Alejandro “Luperca” Morales. Fotografías de Michelle Lartigue. Cortesía del artista.

En estos testimonios fotográficos podemos reconocer un giro en los motivos que llevan a migrar: si al inicio del periodo se centraban en mejorar la situación económica para resolver el sustento familiar, en los últimos años dan cuenta del éxodo causado por la violencia creciente del crimen organizado o por los efectos sociales y económicos derivados de desastres naturales y políticas de Estado. Además, los trabajos de estos fotoperiodistas evidencian que la migración es una cuestión de clase social. Por el color de su piel, sus rasgos o lo que visten, nuestro imaginario relaciona a las personas fotografiadas con grupos sociales históricamente marginados: indígenas, afrodescendientes o latinos de la llamada “clase baja”. En estas fotos la piel blanca sólo se ve usando el uniforme de la U.S. Border Patrol.

Imagen de portada: Río Suchiate, 2010-2016. De la serie Ríos. Fotografía de Eniac Martínez. Cortesía del archivo del fotógrafo.

  1. Los artículos con fotografías de Mónica González se pueden consultar aquí

  2. El portal de Migrantes de otro mundo está disponible aquí