dossier Rojo FEB.2025

Emily Dickinson

Tres pájaros rojos

Traducción de Juan Carlos Calvillo

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La imagen que heredamos de Emily Dickinson es la de la poeta solitaria y esquiva, enclaustrada por voluntad propia en la finca de su padre y guarecida en la excentricidad de su vestido blanco; la poeta que escribió en secreto, a la tenue luz de un candil, casi un poema cada noche, presuntamente porque no encontró en vida otra manera de relacionarse con un mundo que le resultaba abrumador. Sin embargo, además de sus hermanos, un par de pretendientes, su cuñada querida y un tropel de corresponsales, Dickinson supo elegir para sí una comunidad, y en su seno nunca se sintió sola. Lo mismo le sucedió a Thoreau, encerrado en su cabaña diminuta a unos ciento veinte kilómetros de Amherst, Massachusetts: “Nunca he encontrado una sociedad que sea tan sociable como la soledad”, escribió en Walden. “¿Por qué habría yo de sentirme solo? ¿Acaso no se encuentra nuestro planeta en la Vía Láctea?”

​ El mundo de Emily Dickinson, visto así, lo conforman las flores que ella misma cultivó en su vergel: narcisos, dedaleras, crisantemos y margaritas; los huéspedes de cada estación: la escarcha, la nieve, la luz sesgada que deja caer su peso sobre el jardín y, principalmente, los animales: mariposas, grillos, una serpiente subrepticia y las aves que vienen y van con el paso del año; todos signos o mensajes que nunca se articulan con palabras, pero que le hablan con elocuencia al buen entendedor.

​ Para este número de la Revista he escogido un tríptico de aves rojas, huidizas visitantes en la vida y obra de la poeta. Huelga decir que cada uno existe, por un lado, y significa, por el otro. En el poema Fr347 / M183,1 el advenimiento del zorzal robín o petirrojo (Turdus migratorius) es agobiante porque con él llegan también la tosquedad y la estridencia de un nuevo ciclo de vida: por ello, mi traducción agradece la dádiva peculiar del español de México, en el que a este pájaro se le conoce más comúnmente como mirlo primavera. Por su parte, el dibujo casi impresionista de un colibrí de garganta roja (Trochilus colubris), en Fr1489 / M618, hace ostensible que, mucho antes que la comprensión o el intelecto, es la percepción sensorial la que deja su impronta un ave tan veloz. Me permito igualmente afincar este poema en mi país cuando reemplazo la Cochineal original, “cochinilla”, por el vocablo más oriundo de “grana”. Y no menos cabe decir de la visita instantánea, y sin embargo perdurable, de un cardenal (Cardinalis cardinalis) en Fr1586 / M639, que mi versión convierte en una sextilla de asonancias correlativas, una estrofa que recuerda las coplas que le dieron celebridad a Jorge Manrique en la tradición hispana. Después de todo, los tres son pájaros que viven en México también, por lo que Dickinson se encuentra aquí, como un ave migratoria, en tierra nativa.

John James Audubon [dibujante] y John T. Bowen [litógrafo], “Cardenal común de pico gordo [Cardinalis cardinalis]”, en Las aves de América a partir de unos dibujos elaborados en Estados Unidos, 1840-1844, vol. 3, placa 203. Metropolitan Museum of Art, dominio público.

Fr347 / M183

Temí tanto ese Mirlo primavera – Lo tengo dominado, ya, me fui acostumbrando poco a poco – pero me duele todavía –

Pensé que si lograba pervivir pasado ese clamor primero – quizá no todo Piano de los Bosques tendría la fuerza de aplastarme –

No me atreví a enfrentar a los Narcisos – por miedo a que su Traje Rubio me atravesara toda con su estilo – tan ajeno al que yo acostumbro –

Quise que el Pastizal creciera tanto – que la Hierba se diera prisa – de modo que, al momento de asomarse, no pudiera acechar la espiga –

No pude soportar que regresaran las Abejas – ¿por qué volvieron de ese tenue país al que se van? ¿O qué noticias me trajeron?

Y están aquí; no hubo una criatura que faltara – ni el solo atraso de un Retoño en galante deferencia a mí – la Reina del Calvario – Cada cual me saluda, cuando pasa, y yo devuelvo en un despliegue mi Plumaje infantil, el triste aprecio de sus Tambores imprudentes –

Fr1489 / M618

La Ruta de una Evanescencia, con una Rueda giratoria – la Resonancia de Esmeralda y una Ráfaga de Grana – y cada Flor en el Arbusto se ajusta la Cabeza atropellada – llegó – quizá – el Correo de Túnez, un grato Viaje de Mañana –

Fr1586 / M639

Imagen de Luz, Adiós – te agradezco la entrevista – tan extensa – y tan fugaz – Absoluto Preceptor – de enseñanza – y despedida – Coetáneo Cardenal –

Imagen de portada: John James Audubon [dibujante] y John T. Bowen [litógrafo], “Cardenal común de pico gordo [Cardinalis cardinalis]”, en Las aves de América a partir de unos dibujos elaborados en Estados Unidos, 1840-1844, vol. 3, placa 203. Metropolitan Museum of Art, dominio público.

  1. Los poemas se identifican con el primer verso en inglés, seguido, entre paréntesis, de las numeraciones sucesivas en las ediciones de Franklin (Fr) y Miller (M). El uso idiosincrásico de mayúsculas y rayas —¿dispositivos rítmicos o claves de lectura?, ¿énfasis deliberados o mecanismos de extrañamiento?— vuelven inmediatamente reconocible el arte poética de Dickinson.