Senderos en la danza universitaria
Leer pdfDe la mano de la reconocida crítica y exdirectora de Danza UNAM, Rosario Manzanos, el siguiente artículo visita las etapas medulares en el desarrollo de la oficina universitaria de gestión y promoción de la danza, que ha presentado en escena a compañías, coreógrafos y bailarines de talla internacional. La importancia de Danza UNAM ha trascendido a nuestra Máxima Casa de Estudios, repercutiendo en el quehacer artístico nacional. Por su parte, el registro y el archivo de Manzanos han sido determinantes para que podamos conocer esta historia.
“Somos consecuencia” es la frase que el coreógrafo sonorense Miguel Mancillas usa de forma cotidiana para definir el complejo proceso histórico desde el cual los sucesos dancísticos actuales se corresponden con un pasado no lejano, pero que no ha sido analizado del todo. Así sucede con la historia de la danza en nuestra Máxima Casa de Estudios.
Este artículo es la síntesis de diversos fragmentos de mi libro Senderos de la danza universitaria. La danza en la UNAM (1952-2015), libro digital, financiado por la Dirección de Danza y publicado en 2015 para un repositorio y para ser referencia en la página principal del portal de Danza UNAM. Si bien ya no se encuentra de manera digital, muy pronto verá la luz en papel, gracias a la Coordinación de Difusión Cultural. Este trabajo de más de doscientas cuarenta páginas es producto de mi archivo personal, entrevistas y una investigación exhaustiva que incluye las gestiones, como directores de Danza UNAM, de Colombia Moya (1979-1984), Sonia Ornelas (1985-1986), Lidya Romero (1986-1989), Rosario Manzanos (1989-1993), Carlos Ocampo (1993-2001), Enrique Estrada (2001-2004), Cuauhtémoc Nájera (2004-2013) y Angélica Kleen (2013- 2016).
Relación del archivo muerto del Departamento de Danza, 1985-1987. Archivo personal de la autora.
Los tiempos actuales, en los que con sólo entrar a un buscador especializado se encuentra información, son relativamente nuevos. Desde su creación, en 1979, y hasta finales de los años noventa, el Departamento de Danza no había entrado a la era digital.
La información administrativa y artística del día a día se guardaba sistemáticamente en archivos de papel. Sin embargo, en muchas ocasiones quedaba olvidada —sobre todo cuando se trataba de información antigua—, arrinconada en cajas de cartón, en alguna esquina del área secretarial. El llamado “archivo muerto” acumulaba informes, memoranda, tarjetas informativas, fotos, videos y audios.
Trabajé en el Departamento de Danza de 1983 a 1986; primero, dando clases en los talleres infantiles en la Casa del Lago: danza contemporánea en el salón José Limón y en el adjunto al Teatro Carlos Lazo; posteriormente, me desempeñé como jefa de los Talleres de Danza. Asumí la Jefatura del Departamento de Danza en 1989.
Por precaución, a partir de mi incorporación a Danza UNAM, todo el personal guardaba una copia —se usaba papel calca— de los oficios que se emitían. De este modo, durante toda mi estancia ahí, procuré hacerme de un archivo personal. En él están mis proyectos, el archivo administrativo y los documentos fundamentales que respaldaban la transparencia de mi gestión, los alcances de mis propuestas y la lista de los materiales obtenidos, en particular en el caso de videos y programas de radio que se llevaron a cabo.
En algún momento, muchos años después, durante otra administración, el “archivo muerto” del Departamento de Danza se trasladó a una bodega fuera de Ciudad Universitaria. Por desgracia, durante una huelga, el lugar se incendió y, tras la llegada de los bomberos, el agua inundó el establecimiento. No se sabe qué se logró rescatar, ni a dónde se trasladó el material sobreviviente. Fue así como mi archivo personal se convirtió en una de las pocas fuentes de información de lo que sucedía y se proyectaba dentro de la danza universitaria, desde el inicio del Departamento de Danza hasta 1993.
Cartel del espectáculo de danza contemporánea Deseos dorados, a cargo de la Compañía Jorge Domínguez, 1992. Archivo personal de la autora.
Desde la fundación de nuestra universidad, la danza no se pensó como una carrera profesionalizante, sino como una actividad cultural más de las áreas dedicadas a la programación, difusión, animación y gestión.
Esto a pesar de que el 22 de julio de 1929, con el establecimiento de la autonomía universitaria, se mencionó la posible creación de una Escuela de Bellas Artes y otra más de música, teatro y danza, lo que generó grandes expectativas. Pero no fue sino hasta 1947 cuando se fundó la Dirección General de Difusión Cultural y las actividades dancísticas se incorporaron al Departamento de Música.
Más tarde, durante la inauguración de Ciudad Universitaria, en 1952, Rectoría señaló por primera vez que la danza sería parte de la Dirección General de Difusión Cultural y se ubicó su departamento en la Torre de Humanidades. Es sabido que, en los años cincuenta y sesenta, la Casa del Lago fue cuna de un movimiento artístico de gran importancia.
Al mismo tiempo, el edificio de Mascarones era sede de algunas de las clases que impartía la bailarina y coreógrafa Magda Montoya, especialmente las de su programa El Ballet de la Universidad, que puede considerarse piedra fundacional para que se formaran compañías profesionales en la UNAM. Sin embargo, el proyecto desapareció tiempo después. Una de estas compañías la fundó, en 1970, Gloria Contreras, quien a su regreso de Nueva York inició el Taller Coreográfico, el cual está hoy tan vigente que se necesitaría otro artículo para esbozar su importancia.
En 1979, se creó el Departamento de Danza de la UNAM con Colombia Moya, alumna de Magda Montoya, como su primera jefa. Durante los años ochenta hubo una prolífica oferta de actividades dancísticas. Existían agrupaciones, como el Taller Coreográfico de Gloria Contreras y el Ballet Nacional de México de Guillermina Bravo, que tenían, desde hacía más de una década, el compromiso de dar varias funciones al año en diversos recintos universitarios.
A su vez, después de una escisión en el Taller Coreográfico, algunas bailarinas de esa agrupación —Cristina Gallegos, Cora Flores, Aurora Agüeria, entre otras— crearon, en 1979, la compañía Danza Libre Universitaria, que después se llamó Danza Libre de la UNAM. De forma paralela, maestros universitarios de las facultades de Derecho e Ingeniería, por citar sólo dos centros de estudios, se abocaron a crear compañías de danza folklórica, como el Ballet Folklórico de la Universidad, de Angelina Géniz, y el Ballet Folklórico Vini Cubi, de Enrique Jorge Gómez Lomelí, Abigail Aguilar y Jesús Soreque. Tiempo después, Raquel Vázquez creó el Seminario de Danza Contemporánea de la Universidad.
Relación del archivo muerto del Departamento de Danza, 1985-1987. Archivo personal de la autora.
El Departamento de Danza ha sido sede obligatoria de los más destacados bailarines de la danza nacional e internacional desde sus orígenes, en 1979, y después de que se convirtiera en una Dirección. Y no sólo tiene la intención de difundir este arte, sino que también se ha planteado con determinación hacer investigación escénica y teórica, capacitar aficionados, así como entrenar profesionalmente a sus alumnos.
Con diferentes áreas dedicadas a la generación de proyectos, programación de sedes, sensibilización de públicos estudiantiles, investigaciones especializadas, edición de libros y talleres para crear un fuerte movimiento de aficionados y apoyo a bailarines profesionales, el área de danza se convirtió en un eje fundamental de la danza nacional.
Sin duda alguna, el área de danza de la Universidad ha impactado al país entero, pues es una punta de lanza en cuanto a estructurar y definir políticas culturales para la sensibilización de grandes públicos, tanto neófitos como conocedores.
Ha generado experiencias de gran complejidad para los especialistas del gremio dancístico, al tiempo que ha favorecido los intercambios y encuentros artísticos, académicos y de carácter experimental a nivel nacional e internacional, enriqueciendo y detonando, en muchos casos, creaciones artísticas inéditas, como la Compañía de Danza Folklórica, dirigida, sucesivamente, por Colombia Moya, Ricardo de León, Martha García y el vanguardista Pablo Parga. Con esta compañía se llevó a cabo una gran promoción educativa a la par que se concretaron experimentos únicos y de enorme valor artístico e intelectual. Sin embargo, la Dirección de Teatro desapareció el proyecto por razones inexplicables durante la administración del Departamento de Danza de Carlos Ocampo.
Asimismo, hay que resaltar que de forma simultánea se han impartido cursos especializados, conferencias, clases magistrales, diplomados y seminarios con los profesores, críticos e intelectuales más destacados del mundo como Maguy Marin, Eugenio Barba, Carlotta Ikeda, Mario Maya, Ramona de Saá, Juan Antonio Rodea, Jorge Gale, Rogelio Martínez Furé, Orlando Taquechel, Rafael Zamarripa, Antonio Rubio, Socorro Chapa, Susana Tambutti, René Avilés Fabila y Alberto Dallal, por citar unos cuantos.
Relación del archivo muerto del Departamento de Danza, 1985-1987. Archivo personal de la autora.
Al mismo tiempo, la UNAM ha sido sede de uno de los movimientos más grandes de aficionados a la danza en Latinoamérica. La vanguardia de la danza escénica nacional e internacional presente en sus aulas y auditorios, con profesores, coreógrafos y bailarines de altísimo nivel, detonó una experiencia de enorme valor para quien tuvo la fortuna de haberla vivido.1
En ese periodo, la UNAM fue la sede ideal a la que llegaron las grandes compañías del mundo. Pisaron la sala Miguel Covarrubias: el Ballet del siglo XX, de Maurice Béjart; la Twyla Tharp Dance Company; la Louis Falco Dance Company; los solistas del Bolshoi; Kuniko Kisanuki Company; el Danse-Théâtre Paul-André Fortier; la Moving Earth de Kei Takei; la Ariadone de Carltota Ikeda; la compañía de Maguy Marin; La La La Human Steps: Deborah Colker; la Limón Dance Company; Les Ballets Africains, así como la bailaora Pilar Rioja; la compañía de Mario Maya y otras muy importantes de Latinoamérica.
En lo que refiere al campo de la danza nacional, es posible decir que todas las compañías profesionales y los grupos incipientes de los ochenta y noventa dieron funciones en los diferentes campus universitarios. Es decir que, en la historia dancística del país, el papel de nuestra Universidad ha sido crucial y determinante, lo cual ha dado pie a que se le reconozca como un espacio abierto y plural que da cabida a los más grandes artistas. Desde sus primeras décadas la Dirección de Danza fue un espacio lleno de pasión y de retos; de hecho, mucho de lo que se realiza hoy en día es consecuencia de su efectiva ejecución pasada.
Imagen de portada: Cartel del espectáculo de danza contemporánea Deseos dorados, a cargo de la Compañía Jorge Domínguez, 1992. Archivo personal de la autora.
Entre los profesores que participaron en los años ochenta y noventa en los Talleres se encuentran: Cora Flores, Óscar Ruvalcaba, Rocío Flores, Claudia Lavista, Omar Carrum, Raúl Parrao, Rosario Manzanos, Francisco Illescas, Rocío Becerril, Ricardo de León, Gerardo Hernández, Caridad Valdéz, Irma Montero, Lourdes Lecuona, Enrique Tapia “el Mirruña”, Marco Antonio Silva y Cecilia Appleton, entre otros. ↩