Tomás Garrido Canabal y sus Camisas Rojas
Leer pdfEl 28 de noviembre de 1934 más de mil jóvenes uniformados de rojo y negro desfilaron en el centro de la Ciudad de México para rendir honores al general Lázaro Cárdenas, que dos días después tomaría posesión de la Presidencia de la República. Entre las muchas organizaciones que se reunieron en la capital del país para demostrar su apoyo al nuevo mandatario, este contingente destacaba por su inusual composición (hombres y mujeres de entre trece y treinta años), su talante militar y el notable entusiasmo reflejado en los rostros de sus miembros.
Se trataba del Bloque de Jóvenes Revolucionarios (BJR), conocido popularmente como “Camisas Rojas”, una agrupación política creada por Tomás Garrido Canabal, exgobernador de Tabasco y próximo secretario de Agricultura y Fomento.1
Los Camisas Rojas asistieron a la toma de protesta que se celebró el 30 de noviembre en el Estadio Nacional, al que ingresaron entonando “La Internacional” del movimiento obrero. Uno de los momentos más solemnes de la ceremonia ocurrió cuando el general Cárdenas se dirigió a los miembros del BJR para encargarles la tarea de defender la educación socialista (la propuesta pedagógica del oficialismo), procurar la unidad económica y cultural de la nación y combatir los obstáculos opuestos a la marcha liberadora de los trabajadores. Para el presidente y los revolucionarios en el poder, esta agrupación encarnaba la vanguardia juvenil de la Revolución mexicana, que ya se encontraba en una etapa de consolidación institucional. La prensa nacional le dio una amplia cobertura a la actuación de los Camisas Rojas y, en general, la opinión pública emitió comentarios positivos sobre ellos. Garrido no cabía en sí de orgullo.
El líder tabasqueño se hallaba en el pináculo de su carrera: acababa de integrarse al gabinete presidencial, era uno de los hombres más cercanos al general Plutarco Elías Calles (Jefe Máximo de la Revolución) y su labor social en Tabasco era elogiada por gobernadores, legisladores y líderes sindicales de todo el país. En su mente, no había duda de que sería el próximo presidente de México —una idea prematura y aventurada en virtud de la efervescencia política de aquellos años—. El camino hacia la presidencia todavía era muy largo y cualquier error de cálculo, por mínimo que fuera, podía arruinar la mejor de las estrategias.
Autoría sin identificar, miembros del BJR coordinando la incineración de imágenes religiosas en un “auto de fe”, fotografía probablemente tomada en 1934. © Archivo General de la Nación, Fondo Fotográfico Tomás Garrido Canabal. Sobre 127, foto 3220.
Garrido inició su trayectoria en las filas del constitucionalismo, en la plenitud de la Revolución mexicana. Sus principales influencias fueron Salvador Alvarado y Felipe Carrillo Puerto, los gobernadores “socialistas” de Yucatán. Aunque no tenía formación militar ni había participado en grandes batallas, poseía una personalidad carismática, un liderazgo nato y una extraordinaria habilidad para resolver y tramar intrigas, lo que le permitió ascender rápidamente entre los revolucionarios de Tabasco. Sus seguidores lo consideraban audaz, inteligente y justo; sus enemigos, implacable y siniestro. Por encima de todo, era un hombre hecho para la política.
Entre 1926 y 1935, la voluntad de Garrido se consideró ley en Tabasco. Controló los poderes locales y las instituciones públicas a su antojo. Para asistirlo en la labor de gobernar, seleccionó a un grupo de colaboradores que habían dado muestras fehacientes de lealtad. Pero en esto no radicaba su poder, sino en la eficiente maquinaria política que comenzó a desarrollar desde que asumió por primera vez la gubernatura constitucional en 1923.
Garrido seguía atentamente las innovaciones en el pensamiento político y la manera de gobernar que tenían lugar en Europa. Comprendió que el alma de la política moderna no estaba en los consejos ni en los parlamentos, sino en las masas congregadas. Así, ideó un nuevo modelo para modernizar Tabasco, en el que la activación y organización política de los sectores históricamente marginados, es decir, obreros y campesinos, serían cruciales para contrarrestar el atraso y las desigualdades prevalentes durante siglos. Para dar paso a su proyecto creó el Partido Socialista Radical (PSR) y las Ligas de Resistencia (LR), las primeras organizaciones de masas del estado.
En 1924 el PSR unificó y disciplinó a las fuerzas revolucionarias de Tabasco. Éste no era un partido convencional, sino un partido de vanguardia, que formaba líderes y preparaba a las masas para la acción política. Debido a su hegemonía y capacidad organizativa, en dos años se convirtió en el único partido del estado, lo que aseguró la permanencia del garridismo en el gobierno. Las LR eran agrupaciones gremiales que defendían los derechos sociales de obreros y campesinos y gestionaban algunas de sus necesidades comunitarias.2 En 1925 agrupaban a casi todos los trabajadores de Tabasco (en sus diferentes oficios y actividades). Las LR establecían los salarios, elaboraban los contratos de trabajo y vigilaban que se cumplieran las leyes laborales estatuidas por Garrido (por ejemplo, para poder trabajar era obligatorio pertenecer a alguna de las ligas), lo que le permitió a su régimen asumir el control de la producción y la actividad laboral.
Durante el periodo garridista los trabajadores percibieron salarios dignos, pensiones de retiro, créditos para la vivienda, entre otras prestaciones que anteriormente eran impensables. Garrido impulsó la educación popular, fundó escuelas y bibliotecas en todo el estado, creó un sistema de becas y estableció los desayunos escolares (antes que cualquier otro gobernante en México). Desplegó campañas de vacunación y del cuidado de la salud, en especial en las comunidades más pobres. Auspició un movimiento feminista que buscaba reivindicar a la mujer como trabajadora, educadora y sujeto político. Por primera vez en la historia de Tabasco, las mujeres pudieron votar y algunas ocuparon puestos en el gobierno. El régimen mejoró los servicios públicos, construyó carreteras y amplió la red de telecomunicaciones.
El socialismo era un término constante en el discurso del garridismo, a tal punto que Garrido era conocido por sus seguidores como el “Sagitario Rojo”, debido a su presunto compromiso con las causas socialistas.3 Es innegable que el régimen elevó la calidad de vida de las clases trabajadoras y fortaleció su posición política, pero su modelo económico era capitalista. Por ejemplo, la industria bananera alcanzó su plenitud gracias a la asociación de los productores locales con las empresas extranjeras que distribuían el plátano de Tabasco en otros países. El garridismo fomentó la pequeña propiedad y los latifundios modernos destinados a los cultivos tropicales. De hecho, en Tabasco el reparto agrario y los ejidos fueron escasos. Sólo una parte de los medios de producción fue administrada por los trabajadores, a través de un sistema de cooperativas controlado por el gobierno. Además, para disfrutar de los programas sociales del régimen había que afiliarse de manera obligatoria al PSR y a las LR, lo que implicaba ceder muchas libertades, como la libre opinión o el derecho a disentir.4
Autoría sin identificar, participación de las mujeres de Villahermosa en el “auto de fe” organizado por el régimen de Tomás Garrido, 20 de noviembre de 1934. © Archivo General de la Nación, Fondo Fotográfico Tomás Garrido Canabal. Caja 2, sobre 127, foto 3175.
En 1931 los estudiantes Carlos Madrazo y Antonio Ocampo fundaron el BJR, con la asesoría de Garrido y los líderes del PSR. La agrupación estaba inspirada en la Guardia Roja de Lenin, los Camisas Negras de Mussolini y las Juventudes hitlerianas (Garrido solía incorporar elementos a su movimiento en función de su utilidad práctica y no tanto por su procedencia ideológica). Se reclutaron miles de estudiantes y trabajadores de todo el estado, menores de treinta años, a quienes se uniformó con boina, pantalones negros y camisa roja. El bloque se dividió en tres categorías: masculina, femenina e infantil. Los grupos debían reunirse dos veces por semana para realizar ejercicios militares, tomar lecciones de formación política y participar en actividades recreativas que fortalecieran su unidad colectiva. Los mayores de edad recibían adiestramiento en el manejo de las armas y a algunos se les proporcionaron fusiles y pistolas.
Inicialmente los Camisas Rojas desempeñaron tareas de propaganda, pero luego comenzaron a perseguir y castigar a los enemigos del régimen. El grupo colaboró con la policía del estado en el asedio de los opositores, muchos de los cuales huyeron de Tabasco. También participó en las campañas antialcohólicas que organizaba el gobierno local para inhibir el consumo de bebidas embriagantes y hacer valer la Ley Seca promulgada por Garrido en 1931. Era habitual que los Camisas Rojas azotaran y exhibieran públicamente a los ebrios asiduos y que se encargaran de destruir el alcohol decomisado a los contrabandistas.
Una de sus tareas más importantes fue la represión de los católicos tabasqueños, para hacer cumplir las legislaciones anticlericales expedidas en 1924. Garrido combatió enérgicamente el culto católico para eliminar la influencia política del clero y reducir el fanatismo religioso en Tabasco, en sintonía con el anticlericalismo del general Calles. Su autoritarismo fue llevado al extremo por los Camisas Rojas, que organizaron la destrucción y quema de imágenes religiosas en eventos públicos denominados “autos de fe”. En 1934 encabezaron la demolición de los templos católicos del estado para erradicar los últimos vestigios del catolicismo. En el desempeño de estas actividades, los Camisas Rojas cometieron asesinatos, violaciones y otros delitos que pervirtieron el compromiso del garridismo de garantizar el bienestar de la población.5
El BJR se convirtió en la punta de lanza del régimen, pues se encargaba de formar a sus futuros cuadros y cultivaba el mito de la “revolución permanente” entre los jóvenes tabasqueños, cada vez más radicales y vehementes en la defensa del garridismo y su narrativa de la Revolución mexicana. En marzo de 1934, los Camisas Rojas se sumaron a la promoción de la reforma constitucional de la educación socialista, que proponía estatizar la educación en todos los niveles, eliminar el carácter religioso de la enseñanza y fomentar la técnica para optimizar la producción y distribuir la riqueza de México de manera más equitativa. Con el pretexto de contener a los grupos católicos y conservadores que se oponían a la reforma, Garrido inició la expansión de su movimiento a todo el país. Calles y Cárdenas (en ese momento candidato oficial a la Presidencia) lo respaldaban.
En abril Garrido ordenó la fundación del BJR del Distrito Federal. Cientos de Camisas Rojas se trasladaron a la capital del país para establecer su nuevo centro de operaciones. En seis meses crearon 34 secciones locales en diecisiete estados de la República (el número de militantes ascendía a decenas de miles, aunque la mayoría radicaba en Tabasco), a donde llevaron su lucha anticlerical y sus movilizaciones en favor de la educación socialista, que finalmente fue aprobada por el Congreso de la Unión el 19 de octubre de 1934. No faltaron los excesos, pero en general fueron tolerados por las autoridades. Al fin y al cabo los Camisas Rojas eran un grupo de choque tutelado por el Estado mexicano.
Autoría sin identificar, “auto de fe” organizado por el régimen de Tomás Garrido, Villahermosa, 20 de noviembre de 1934. © Archivo General de la Nación, Fondo Fotográfico Tomás Garrido Canabal. Caja 2, sobre 127.
El 30 de diciembre de 1934 un grupo de Camisas Rojas se situó frente a la Iglesia de San Juan Bautista, en Coyoacán, al sur de la Ciudad de México. Plantaron en el suelo una bandera rojinegra y comenzaron a injuriar a los feligreses que acudían a misa. En algún momento, los ánimos se calentaron y algunos sujetos pasaron de las palabras a los golpes. Las puertas del templo se abrieron y poco después se escucharon los primeros disparos. Fallecieron cinco personas y treinta resultaron lesionadas. Ernesto Malda, miembro de la agrupación, murió linchado por una multitud que acudió en auxilio de los católicos agredidos y que superaba en número a los encamisados. Los hechos generaron una enorme indignación social debido a la premeditación y alevosía con que actuaron los garridistas. Para muchos se trató de un atentado.
De inmediato los sectores católicos se movilizaron para exigir justicia. Una de las manifestaciones tuvo lugar afuera del domicilio del presidente Cárdenas, que, incómodo, solicitó a Garrido la disolución del BJR, pero Calles se negó. De los 65 garridistas detenidos por los hechos de Coyoacán, cuarenta fueron procesados y veinticinco quedaron en libertad. La prensa despedazó a Garrido y criticó la tibia actuación de las autoridades. Durante las semanas siguientes las protestas aumentaron en número e intensidad. La presión que recayó sobre Garrido lo obligó a replegar a los Camisas Rojas a Tabasco. Estos hechos concurrieron con la crisis política que suscitaron las críticas del general Calles sobre la manera en que el presidente Cárdenas conducía el país. El grupo en el poder estaba a punto de dividirse y los revolucionarios de todo México tenían que definir sus posiciones.
Garrido consideró que Calles impondría el Maximato y que, en algún momento, lo elegiría como su sucesor, en virtud de que el Jefe Máximo había dicho que lo relevaría en el poder aquel de sus correligionarios que enfrentara con mayor firmeza a la Iglesia católica. No contaba con que la mayoría de los legisladores, el ejército y los sindicatos apoyarían al presidente. El 13 de julio de 1935 Cárdenas exigió la renuncia de su gabinete y lo reorganizó excluyendo a todos los callistas, entre ellos Garrido, que dos días después retornó a Tabasco. Calles fue enviado al exilio.
La debilidad de Garrido fue aprovechada por sus opositores radicados en la Ciudad de México, quienes organizaron una expedición armada a Tabasco para derrocarlo. Durante varios días la violencia se apoderó del estado. El 23 de julio el Congreso de la Unión desconoció los poderes constitucionales en Tabasco y nombró gobernador interino a Áureo L. Calles, en sustitución del garridista Manuel Lastra. Garrido fue comisionado por Cárdenas para cumplir una “misión agrícola” en Costa Rica. El 10 de agosto de 1935 salió de Tabasco, rumbo a su destierro.6 En los meses siguientes el gobierno interino desmanteló las organizaciones garridistas para propiciar la transición política en el estado; sin embargo, una parte de la población siguió apoyando el garridismo durante años.
Autoría sin identificar, marcha militar de los Camisas Rojas en Tabasco. Imagen probablemente tomada en 1933. © Archivo General de la Nación, Fondo Fotográfico Tomás Garrido Canabal. Sobre 121/3, foto 3029.
Garrido regresó a México en 1941. Intentó revivir su carrera política sin éxito. La etapa de los radicalismos había concluido y el gobierno de Manuel Ávila Camacho fomentaba la unidad nacional ante los desafíos de la Segunda Guerra Mundial. En ese nuevo escenario, el garridismo, que promovía el conflicto social y religioso, era un movimiento fuera de lugar. Finalmente, un cáncer agresivo acabó con el otrora Sagitario Rojo, que murió el 8 de abril de 1943 a los 53 años.
Los Camisas Rojas se desintegraron a finales de 1935. En 1938 Carlos Madrazo7 fundó la Confederación de Jóvenes Mexicanos, adherida al Partido de la Revolución Mexicana. Esta organización evolucionó en las “juventudes” del PRI, que en sus asambleas todavía visten una camisa o camiseta roja. En la historia rara vez hay coincidencias.
Imagen de portada: Autoría sin identificar, marcha militar de los Camisas Rojas en Tabasco. Imagen probablemente tomada en 1933. © Archivo General de la Nación, Fondo Fotográfico Tomás Garrido Canabal.
Programa de Becas Posdoctorales en la UNAM, Becario del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias Sociales y Humanidades, asesorado por la doctora Olivia Gall Sonabend.
Nació el 20 de septiembre de 1890. En 1914 concluyó la carrera de Derecho y un año después ingresó al servicio público. Gobernó Tabasco durante dos periodos constitucionales: 1923-1926 y 1931-1934. Fue senador de la República entre 1926 y 1930, lapso en el que Ausencio C. Cruz, uno de sus subalternos, asumió el gobierno del estado. ↩
Había LR en todos los pueblos y villas de Tabasco. Eran coordinadas por la Liga Central de Resistencia de Villahermosa, presidida por Garrido o alguno de sus hombres de confianza. ↩
En el zodiaco occidental, el signo de Sagitario está vinculado al mito de Quirón, el más civilizado de los centauros y protector de la juventud. En la época moderna, el color rojo ha estado asociado a las revoluciones y los movimientos proletarios. ↩
Jesús Arturo Filigrana Rosique, El Tabasco de Tomás Garrido, Monte Carmelo, 2007; Carlos Martínez Assad, El laboratorio de la Revolución. El Tabasco garridista, Siglo XXI, México, 2004. ↩
Alan Kirshner, Tomás Garrido Canabal y el movimiento de los Camisas Rojas, SEP, México, 1976. ↩
En Costa Rica, Garrido estableció una fábrica de aceites vegetales y una moderna granja experimental. Debido al éxito de estas empresas, el presidente de dicho país, León Cortés Castro, lo nombró asesor agropecuario. Durante seis años Garrido estuvo alejado de la política mexicana. ↩
Fue gobernador de Tabasco (1959-1964) y presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI). ↩